viernes, 4 de enero de 2013
Otra caída más..
Empecé a sentir cómo un dolor punzante me oprimía el pecho. Me quedé petrificada de dolor. Me parecía indescriptible poder definirlo. Un dolor que parecía tener olor y gusto propio. No había ningún adjetivo que se acercara a definir ese sufrimiento. Seguidamente localicé un dolor algo menos agudo en la garganta, algo que me resultó más familiar, propio del intento fallido de retener el llanto. El amargo sabor de la derrota.
Y pensé que querer no podía ser eso. Querer tenía que ser, en todos sus formatos, sinónimo de grandeza y antónimo de debilidad. No se me ocurría nada negativo que pudiese aportar ese sentimiento. Ni siquiera cuando no lo recibes de vuelta. Ni siquiera cuando te hace sentir estúpido. Querer es bonito, en cualquier circunstancia. Mucho más que ser querido.
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